Jokin Agulló, un vasco de 66 años a punto de jubilarse, es el responsable del primer centro Koiki de la historia de la compañía. Inaugurado en 2017 y ubicado en pleno corazón de Madrid, desde este centro se distribuyen paquetes en cuatro códigos postales.
Es Jokin quien lidera la operación diaria, asegurando que los aproximadamente 1.000 paquetes que llegan cada día sean entregados a sus destinatarios. Con risas y gritos a partes iguales, Jokin coordina a un equipo de más de 15 repartidores, que como él mismo dice “son casi familia”. Estos chicos y chicas recorren a pie las calles de Madrid desde el Mercado Barceló para cumplir con las entregas.
E: Ahora que te encuentras en la recta final de tu carrera y mirando en retrospectiva, ¿qué te motivó a unirte a Koiki? ¿Qué opinas sobre la labor que lleva a cabo la empresa?
J: Yo provenía del sector social, así que cuando surgió la oportunidad de unirme a Koiki, me llamó mucho la atención. Era un proyecto diferente, trabajar con un colectivo nuevo. Y sinceramente, creo que dar oportunidades a personas con dificultades para integrarse en el mercado laboral es una inversión a futuro. Sabemos de lo que son capaces, y ver cómo desarrollan sus habilidades es increíble.
E: ¿Crees que tu centro Koiki ha tenido un impacto en la comunidad local?
J: ¡Sin duda! Estamos en el mercado de Barceló, y con el tiempo, nuestros chicos y chicas se han hecho un hueco en el barrio. La gente los reconoce, no solo por su trabajo, sino por la energía y la sonrisa que siempre llevan con ellos. Se han ganado el cariño de todos.
E: ¿Y cómo ha influido en la vida de los trabajadores?
J: Ha sido un cambio radical, tanto para ellos como para sus familias. Esta oportunidad les ha permitido integrarse, contribuir económicamente en casa y relacionarse con compañeros y clientes. Es como un “subidón” de confianza y autoestima.
E: ¿Con qué colectivos trabajas en el centro?
J: Trabajamos con una gran variedad de personas, desde aquellos con trastornos del espectro autista hasta chicos con hiperactividad y personas en riesgo de exclusión social. Es un grupo diverso, pero eso es lo que lo hace especial.
E: ¿Cuál ha sido el mayor reto que has enfrentado desde que comenzaste con Koiki?
Sin duda, poner en marcha el centro con personas que no tenían experiencia laboral fue un desafío enorme. Empezamos en 2017, y lograr que todo funcionara con un equipo sin trayectoria previa fue un verdadero reto. Pero ver cómo se han desarrollado y cómo el centro ha salido adelante ha sido increíblemente gratificante.
E: ¿Qué es lo que más vas a extrañar cuando te jubiles?
J: Lo que más voy a echar de menos es la relación cercana, casi familiar, que tengo con los chicos. Ese contacto diario, las pequeñas conversaciones, las risas, y ver cómo avanzan día a día. Esas conexiones personales son lo que realmente hace que este trabajo sea tan especial.
E: ¿Qué consejo le darías a otros emprendedores o entidades sociales que estén considerando unirse a Koiki?
J: Les diría que no dejen pasar esta oportunidad. Dar a estas personas las herramientas para construirse un futuro es lo más gratificante que puedes hacer. No solo les ayudas a encontrar trabajo, sino también a integrarse mejor en la sociedad, a ganar confianza y a descubrir todo lo que son capaces de hacer.
